Jueves, 19 de Septiembre de 2019
Poemas de Hierro
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Del taller Nombrar el secreto Dirigido por María García Zambrano

Selección de textos

 

 

Llevan años las playas esperando a algunos mares
¿dónde la enfermedad?
en la niebla no vuelan pájaros
hay una plazuela que da a cinco calles
y muertos luciendo fajos de billetes
envejece la gota de agua
arruga
arruga tanto subir a las nubes
tanto dejarse caer si la cosa se pone fría
la noche contiene otras noches
el cerebro de un mamífero
la piel de los domingos
cruzar la línea
sembraron cien cigüeñas por la mañana y cien por la tarde
llueve y las barcas se llenan de agua
si la bajamar se instala 

mira a ver qué quieres decir con ese silencio

Susana Obrero

 

Quirúrgico

I

como si el escalpelo volviera
a recorrer
la distancia
desde lo alto 

se separa el aire
o algún cielo

carne herida
rayo de otros dioses

 

II

el preciso
chasquido seco 

metal golpeado
violencia que rompe 

esquirla del hueso
silencioso

 

III 

seccionar el instante
su forma quieta 

Javier Lerena

 

Diagnóstico

Pisábamos las hojas de los arces caídas en la acera
rosadas –pensaba yo–
cuántos otoños más podrían volver para ti esas hojas 

todo parecía por primera vez 

íbamos expectantes
con esa vida tuya recién estrenada
oliendo la belleza amanecida 

yo miraba las hojas
tercamente miraba sus bordes lobulados sus nervaduras ocres
agarrada ferozmente a tu brazo 

solo atenta a las hojas 

a esa hora el hospital con su boca de luz
en medio de la nada

Tirsa Caja

 

Abrázame 
                              es necesario
                      de forma inversamente
                              proporcional
                          a cualquier dicha. 

              Dispuestos a creer lo que sentimos
                           hazlo con fuerza
                todo el prodigio está en el cuerpo.

José Pérez Carranque

 

Como niña

De cómo una mujer se convierte en un escape de pis. De cómo decir “escape de pis” pensando en una mujer. ¿Ha venido el niño? No, ya lo has preguntado y te he dicho que no.

De cómo una mujer se transforma en una delincuente: roba patatas fritas, que no debe comer, sustrae cereales de chocolate, que no debe probar, trafica con tomates y se esconde el botín en los bolsillos. Y el niño ¿ha venido? Está en casa, hoy le toca con su padre.

De cómo una mujer se convierte en un jarrón, en un elefante de porcelana, en un búho de la suerte. De cómo se perfila en sus ojos cerrados cada silueta. ¿Ha venido el niño? Está en Madrid, mamá, tiene piscina.

De cómo una mujer se hace adolescente: no me ducho, no lo hago, no me apetece, no me lo como, yo no he sido, y tú más. Entérate de una vez, mamá, hoy el niño no ha venido.

De cómo una mujer dijo ser mi madre y de cómo esta noche la observo ornitorrinco y racimo de uvas blancas.

Gemma Serrano

 

Contexto

Un lugar seguro
la materia que sustenta
donde enarbolan los tallos las raíces
la que sana mis aristas.
Eres la tierra, la palabra
el filtro que provee de alimento
el agua necesaria
la calma
y alguna tempestad tan deseada. 

                       Esther Lucio Marino

 

Sobre un cuadro de Dorothea Tanning
Detrás de la puerta

La luz desgarra sombras
última flor en el abismo. 

¿Es eso lo que miras?

Tu lado oscuro duele
no se comprende.
¿Te haces tan pequeña? 

Resbalas
como en la rampa del aire.
Lo opaco en tu interior
se oculta tras la puerta
invisible.
El color hiere tus pupilas
donde se refleja
la oscura impertinencia,
tu yo verdadero
hundido en un crepúsculo
de pólenes. 

No quieres ver su fulgor,
lo que trasciende
y das una patada al vacío
para romper la densidad
de tus fantasmas.

Marian Calvo Castellanos

 

Penélope 

 ¿Qué hacer con lo constante
en el reino de la ambigüedad?
Francisca Aguirre

Mujer, no llores demasiado,
no llores mientras trenzas los mimbres del arte.
Tú, que surges de una de sus yemas,
que bordas con hilos homéricos
la vigilia de tus enaguas.
En tu Ítaca particular aprendes
todos los cantos, todos los poemas del mundo.
Los dioses que te rodean no saben
que tu mandil está lleno de versos que fluyen,
en el cauce indefinible del río sin nombre.
No llores más, Penélope, no llores demasiado.
Alguien dejó en tu vida una cesta
llena de hermosas palabras. 

Antonio Delgado

 

Remedo de Jesús

Eres el elegido
para ser el amigo de toda criatura
nacida de mujer.
Pero no lo sabías. 

Eres el elegido,
tus pies a flor de agua,
tu matriz hipostática,
tu vista a flor de invierno.
Pero no lo sabías.
(… esos ojos son tuyos aunque ven lo que quieren) 

Eres el elegido.
muñidor, arquitecto,
el único estratega de tu mezquino plan
de salvación. 

Eres el elegido.
(esa desobediencia de las cosas,
esa urgencia de sueño.
de navegar sin rumbo
con el fanal extinto) 

Eres el elegido.
¿Aceptarás gozoso el don que se te brinda de la condena a muerte,
o te rebelarás contra aquel
que tachona tu cuerpo con torrentes de espadas? 

Eres el elegido.
¿Qué vas a hacer ahora?

Eugenio Torijano

 

S E R Í A         U N A

Herido el corazón
de tanta sepultura,
del hijo de mujer
que yace en la trinchera. 

Piedad lágrima exacta
de candor infinito
duerme en tus brazos mustios
la savia de la muerte. 

Aunque cante la aurora
se desangra despacio
el néctar de la vida
ungido por los ángeles. 

Mujer hija de madre
madre, mujer pureza,
azucena, cal viva,
nieve de la laguna. 

De hinojos a tus plantas
las rosas y las jaras 

porque si hay Dios
alguno, sería Ella.

Santos Arévalo Ávila

 

El jardín de las delicias 

crea-la-(ción)
así la luz           la noche con lascivia
así la eternidad sin recovecos
la sombra 

paraíso
dónde la estepa vacía
            multitud de cráneos
            a medio verbo             de
distancia 

la negrura
el sueño azul a la deriva 

las ganas de un hijo
en penumbra absoluta 

pec-ado
roto                 zaherido
la carne sin huesos
con aires de mortaja 

            el porqué de la calavera en el lodo
            relapsa

 

Iria Fernández

 

La chica danesa 

(Recordando a Liliana García Carril. La mujer de al lado)

y tras el poro rasurado, a solas           
apenas roce   
con la punta de los dedos       
aflora           
velada         
en la penumbra
en esta noche   
en este cuerpo inseguro, que bracea
entre dobleces de un vestido
__dar gracia a la caída
la peinture
deslizar a mano alzada el eyeliner
en la onda
de los párpados, al vuelo 

abstraído soñador antes del salto   
que se adentra en el bosque
y tropieza con el Gollum
y no hay siquiera fotos, ni pinturas
no hay dibujos
ni fechas en el margen, no hay 

que hacer
con un cuerpo
que hace tiempo    __dejó de ser rotundo 
hay palabras y palabras
derrapando
para siempre, se olvidaron de tu hambre y de tu sed         

inconsolable

en esta noche     
__al otro lado
“él” __se cerró en tu boca
toda la muerte                                                                                                        

Marga Mayordomo


¿Soy el que dicen que soy?
No. Tú lo sabes.
Soy la huella, un adjetivo,
y solo en la palabra aireo mis ayeres,
la evidencia del presente, la promesa del amanecer. 

Mi palabra –tú lo sabes-
es vida vivida que asoma entre la luz
de los álamos
o languidece sobre naufragios
olvidados a sus pies;
la que dormita entre la hojarasca.
Y es añoranza de lo que no fui
–tú lo sabes-
y me zarandea hasta anclarme al presente. 

¿Y si no volviese la vista atrás
y caminase solo
escalando las montañas que aún esperan?
No podría. Tú lo sabes. 

Háblame desde la verdad,
escribe aun con tinta de sangre,
desnúdame ante un muro opaco
con palabras que destierren la zarza del trigal,
y vísteme con los días
–todos los días-
para afrontar la certeza de la noche,
tan cercana.

Antonio Morillas

 

Mi cuerpo ha cambiado
los sentimientos. 

La vida puede controlar los equívocos.

Una puede suplantar
su personalidad
con el cuerpo deslizado
ante los caprichos de la venganza. 

Me abrocho el sujetador
con lo que sale de mi cuerpo,
construyo mi relato. 

Mi cuerpo no es lo que era,
traicionada por el pensamiento,
me cobijo en el poder
de la escritura.

El Pontón de la Oliva

 

Escribir. La ola tiene forma de zarpa, a veces de albatros, ala de mariposa huérfana y muerde como boca mi mano de titanio. Egoísta mano que entrego al cachorro.
Escribir en el hueco, para atornillar palabras entre mis dientes que de vez en cuando me devuelven el gesto con sus patitas, desgastando el escenario donde vivo. Escribir en las cuadrículas, aplastando a la usurpadora del amor.
Escribir la flor tatuada en tu espalda y no poder adelgazar su trazo.
Escribir y acolchar la palabra alambrada y extirpar al gusano que hurga entre ella, dejarlo viscoso sobre hoja.
Escribir para no gangrenar lo que de mujer sobrevivió a las mañanas de hastío.
Escribir en los márgenes de cualquier continente e imprimir con trazo el rojo de los geranios.
Escribir la crin de los caballos son blancas y fastuosas y de nada nos sirven a los que vivimos en cualquier barriada
de la ciudad.
Escribir perdió diecisiete hijos pero parió diecisiete lirios que nublaron su mente.
Escribir. Todos somos parecidos antes de llorar.
Escribir, dar en Diana y acertar. La palabra no, sus gemidos en la huida cabizbaja y mi torso quieto cerca de ti.
Escribir no atenderé leyes, ni propuestas, ni el golpe sobre piedra tallada.
Escribir, hoy no volveré a pasar hambre y la mosca hurga los orificios de la nariz y nadie la aparta.
Escribir hoy no han amanecido los pájaros.
Escribir tengo palabras heladas sobre laringe de escarcha y me pincha la hoja de acebo. No hay medicina.
Escribir y desamamantar los pechos de la primera loba y allanar las siete colinas.
Escribir he abierto la jaula. Vuela el grito del hijo. Mordemos la culpa que tiene sabor a titanio.
Escribir hoy comienza una mañana en el mundo y es lo animal lo que aguarda. 

Beatriz Santacruz

 

Diario  (31-XI-XXXX)

 

                       Preguntas     ¿Por qué?      ¿ ?

                Quizá para recordar:

~      por qué   aún siento  furia y me duelo al escuchar “La Traviata”
~      qué   este Metro   abarrotado de sudor    soy yo
~      por qué al admirar esa “otra” tan nueva, veo arte de valor fugaz  ¿o…?
~      qué soy   “esta peculiar expresión”   a las preguntas de todos
~      qué   confío en la memoria para que conjure con juicio y evite…    (Nada)

                                                   [quizá con un *haiku* pudiera…]      à    pero NO 

Cómo si no existirían:

°       la calidez de la casa      y el frío que encandila la puerta
°       la canción   - al final -   casi de cuna    mientras volanteo feliz
°       las copas de los pinos   y su “affair”  con el  viento
°       la manzana    “cómeme   cómeme”    y la bruja
°       la vida que me conduce     la que soy      y la que es   (también en ti)
°       el semáforo ámbar que interrumpe hipótesis    acero y… 

                                                                   [nota rápida de voz en el iphone]  

                        Y hoy, en el filo,
                                     para esbozar:

+      el día que exalta o golpea      según le apetece
+      ese coche color rojo-vida  (tal vez)    que grita “aquí vengo”     y empuja
+      la  niña que rehúye la mano    y la hoja  en remolino  y su hoz
+      la sábana y la violencia en la cuerda
+      el carámbano y su piel 

              Escribo sobre lo que observo     
                       y de madrigueras               
                                                                                  y…         

*cosecho afanes
mientras vagamundeo
cíngara y luna*...

Sol Nieto

 

Rosa y gris

la barca roja una red y un amplio mar frente a sus ojos
el viaje
horas sinuosas en busca de los peces
que pueblan el plato 

el abuelo enseñó al padre
este al hijo
. final 

dos mil cincuenta
ante su desgastada vista
navega un manto de plástico 

sin rastro de escamas

   

la barca roja
ahora es gris

Esmeralda R. Vaquero

 

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Ma
Mi
Ju
Vi
Sa
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