Nieves Chillón
Editorial Pre-Textos
2026
Atlántida. IX Premio Internacional de Poesía Margarita Hierro/ FCPJH |
EL CONTINENTE SUMERGIDO DE UN DUELO
Atlántida, el poemario con el que la escritora granadina Nieves Chillón (Orce, 1981) ha ganado el IX Premio Internacional de Poesía Margarita Hierro, otorgado por la Fundación Centro de Poesía José Hierro, contiene el relato de algo pocas veces relatado. Un reconocible hilo narrativo recorre y enhebra sus cuatro secciones, significativamente tituladas y enumeradas correlativamente como “ciclos”, revelando enseguida su argumento: se trata de la historia de un proceso de fecundación in vitro (FIV), cuya evolución a través de cuatro tentativas genera en quien lo lee una sensación de intriga, acompañamiento y reflexión.
Dos epígrafes abren el volumen. El primero, de Ariadna G. García, desvela el origen del título de Chillón: “en la ciudad oculta, sumergida / el viento no derriba la esperanza”. El segundo produce un impacto singular: “Una vez congelados, los embriones se mantienen en nitrógeno líquido a una temperatura de -196º durante un tiempo indefinido”. Es indicio de un rasgo que atraviesa todo el libro: su apoyo parcial en un vocabulario técnico para hacer referencia a las condiciones del procedimiento y guiarnos a través de “placas de Petri” (p.15), “polímeros” (p.53) y hasta una “histeroscopia” (p.54). Estamos ante un registro antipoético que bebe del impulso de las primeras vanguardias y halla un abanico de precursores más directo en una serie de autores que, en los últimos tiempos, han explorado el diálogo insoslayable entre el conocimiento científico y el conocimiento poético a partir de ciertos temas de nuestro tiempo. Pienso en Jorge Riechmann, que en Mudanza del isonauta (2020) describe los trazos sin plazo de la agonía del Antropoceno o, en un sentido muy distinto, en Marta Agudo: en Historial (2017) y Sacrificio (2021) las metáforas del dolor parten con frecuencia de la nomenclatura literal de su diagnóstico. Habría sin duda más ejemplos. En Atlántida, este repertorio evita el patetismo, instaura una barrera ante el riesgo del desbordamiento emotivo y, en ese sentido, la gelidez asociada a la vitrificación de los embriones es quizá el mejor correlato objetivo de la tonalidad moderada del volumen. El tercer poema, “Cuna de hidrógeno”, reza: “no es fácil dormir en la nieve” ni “arroparse en la nieve” (p.13). Tampoco es sencillo, quizá ni siquiera posible, “nombrarla en qué lengua”: todo el volumen es un esfuerzo por hallar el idioma precario para enunciar ese mínimo espacio en el que el deseo convive con la germinación. La nieve frena la emoción pero no la proyección: “ni un perfil todavía y ya tan hijo / en los hielos el Everest / la cúspide de las cunas” (p.13).
Margarita García Candeira
Nayagua 41