Martes, 21 de Mayo de 2019
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Boca aboca

Boca aboca

Poetas y narradores de los Talleres de Creación Literaria
Selección de trabajos
2010

Ed. no venal / 165 págs.

Boca aboca

Del Prólogo de Eva Chinchilla, profesora del Taller Todo lo que circula 

Una antología es enriquecedora siempre, pero más aún si continua en papel lo que ha sido una constante en el tiempo de tantos encuentros sucedidos -poéticamente- y sucediéndose -semanalmente- durante dos cuatrimestres. Así que hemos preguntado a las poetas que han impartido los talleres por estas constantes, aún a riesgo de saber que no sería fácil asumir el reto que supone mantener vivas con la lectura de los poemas constantes vitales que se han dado y condensado en las experiencias poéticas de los talleres. 
Para la poeta Ada Salas El Poeta ante su oficio ha sido "ante todo un espacio para el placer: para escuchar los textos de todos, la riqueza de las diversas voces; para sacar a la luz los poemas que están dentro de los poemas, en un proceso de creación que, respetando al autor, tiene mucho de colectivo".
Y de Patricia Esteban, poeta que ha guiado y compartido durante el curso 2009-2010 el itinerario propuesto por un interrogante: ¿Qué hace esa palabra escurriéndose hacia el interior?, rescatamos estas palabras: "..en el ámbito del taller se sobrepasa cualquier compostura académica para establecer un terreno de intercambio radicalmente vivo. Pienso en un tablero móvil, constituido por todos los que en él participamos. En el tablero se van situando de un modo intuitivo resortes capaces de generar múltiples interconexiones. Al ponerse en funcionamiento cada uno perdemos el lugar de seguridad  inicial, pero ganamos nuevas vías que paradójicamente harán más fuertes nuestras posiciones personales..."
En Todo lo que circula se atrevieron a mucho, y por resumir, incluso al anagrama: letras y poemas y voces y personas que a través del intercambio de unas con las otras podían asomarse a mucho más de lo que ofrece un total que solo consista en la suma lineal de cada una. Y si te vas al Generador virtual de anagramas en español, el azar te lo pone fácil, pues entre los anagramas que pueden componerse con el título de nuestro taller y conserven la palabra círculo, se regalan:  "círculo,  aquel todo" y "círculo, loto que da". Pero a qué el azar pudiendo elegir el anagrama final de estos versos de Alejandra Pizarnick, tan agudamente localizado con su mente de aumento por el poeta y científico Nacho Miranda en el Taller -este matutino- de Animación a la lectura de poesía:    "Y yo no diré mi poema y yo he de decirlo. Aún si el poema (aquí, ahora) no tiene sentido, no tiene destino".
¿Conseguirá esta antología erigirse como un "espacio para el placer", "sacar a la luz los poemas que están dentro de los poemas", ofrecerse como "terreno de intercambio radicalmente vivo", asomarnos a algo distinto de una suma de poemas individuales?
Muchoxs ya conocen la respuesta, pero para los nuevos lectores, una pista: lo magnífico no sería solo que esto se consiguiera, sino que el regalo hubiera venido sencillamente: primero de la reunión de poemas compuestos por personas que han sabido reunirse, y a partir de ahora del intercambio con ustedes, los lectores.

Del prólogo de Miguel Ángel Martín, profesor del taller de Relato

Imaginemos un lago. Las ranas ponen la música, (un coro húmedo y pegadizo, entre gospel y ritm & blues). El alba apenas azulea. Debemos afilas los ojos para contemplar en número inusitado de bambúes. Tubitos verdosos que se mueven ligeros y desordenados por la superficie del agua.
Tenemos los aparejos en la mano, la sillita de tijeras, la tortilla de patatas... pero hay algo que no cuadra, algo en el ambiente que no nos gusta, en fin, el instinto...  Comprobamos que las varitas de bejucos navegan como locas, sin ton ni son; y lo que es peor: a contracorriente...
Somos pescadores, hemos venido por los peces. La costumbre nos ayuda a desplegar la silla, a colocar la cesta aún vacía, a soltar todo el equipaje que traemos con nosotros para un día tranquilo de campo. Pero las cañas siguen navegando, las ranas desafinan y los aparejos los vamos montando con desgana, con la mala conciencia del trabajo torcido.
Más tarde comprendemos que cuando el anzuelo vuele y por fin toque el agua, estaremos buscando otra cosa; pescando, sí, pero no carpas, ni botas usadas.
Uno a uno, con una destreza adquirida durante años, iremos enganchando esos bambúes rebeldes, escarbando en el fondo del lago. Tendremos que ir soltando sedal, tirando luego del carrete y así acercar despacio, poco a poco, nuestra presa (...).

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